El valor de la experiencia

 

"La experiencia es un grado". Esta es una frase muy manida y muy antigua, pero es una verdad como un templo.

A menudo se lee también "experiencia mínima X años" cuando se ven ofertas de trabajo, sobre todo tecnológicas. Esto frusta las esperanzas de muchos jóvenes que buscan su primer empleo en este mundo. No cabe duda de que un novato puede tener una gran capacidad de aprendizaje, una gran intuición para resolver problemas o ser un genio en potencia, pero es fácil darse cuenta de que son casos muy contados. Lo normal es que alguien sin experiencia llegue a un puesto de trabajo por primera vez y se encuentre muy perdido al principio. Esto no supone mayor problema para una gran empresa con suficientes recursos para disponer de empleados "veteranos" que irán formando a los "novatos" conforme surjan los problemas.

Pero España es un gran compendio de PYMEs, la mayoría de las cuales apenas tienen uno o dos "informáticos" a lo sumo. Por otro lado, en las grandes empresas la presión constante de los proyectos sobre los empleados más "veteranos" suele hacer que busquen otros trabajos para "cambiar de aires".

Es en estos casos cuando aparece la temida (por los novatos) frase de "experiencia mínima" en la oferta de empleo. Recuerdo que cuando yo también era novato me decía a mí mismo "¿por qué tienen que buscar siempre gente con experiencia para los proyectos más interesantes, a caso los novatos somos tontos que no sabemos hacer las cosas?".

Con el paso del tiempo, y estando en el otro lado de la barrera, me doy cuenta de la importancia que un simple dato, obtenido a través del tiempo (o lo que es lo mismo, experiencia) es capaz de llegar a tener. Cuando me preguntan por qué creo que es tan importante la experiencia, siempre respondo con el mismo ejemplo, que no deja de ser una fábula con mucha base de realidad. Es el siguiente:

"Un viejo ingeniero de IBM había estado a cargo de una máquina durante los últimos 10 años. Era una máquina muy sencilla, que cualquiera podía manejar, pero que estaba a cargo de un proceso muy importante. Llegó la hora de los recortes de personal y el ingeniero tuvo que dejar IBM a cambio de que nuevos ingenieros, mejor formados y con más títulos, entrasen en la empresa. Todo fue bien durante un tiempo, hasta que, de repente, la máquina dejó de funcionar. Los ingenieros más importantes fueron a revisarla, pero aparentemente todo estaba correcto. ¡En teoría debía funcionar! Nadie sabía qué podía estar ocurriendo y mientras tanto se perdían grandes cantidades de dinero. No hubo más remedio que llamar al viejo ingeniero. Éste, muy amablemente, accedió a repararla a cambio de una gran cantidad de dinero. No tuvieron más remedio que aceptar, viendo que por esa cantidad de dinero debía ser un trabajo muy complejo que sólo él debía conocer.

Llegó entonces el ingeniero, se acercó a la máquina, levantó un panel y dió dos pequeños golpes sobre un circuíto. Al momento la máquina comenzó a funcionar de nuevo. Todo el mundo se quedó perplejo. Uno de los jefes se acercó al hombre y le dijo: "Aquí tiene el dinero que acordamos, pero quiero hacerle una pregunta: ¿cómo es posible que nos haya exigido tanto dinero simplemente por dar un par de golpes, algo que le ha llevado tan sólo unos segundos?". A lo que el hombre le respondió: "Verá, por el trabajo tan sólo le he cobrado unos pocos euros de desplazamiento, por lo que en realidad le he cobrado ha sido por saber exactamente dónde había que dar esos golpecitos".

Esto lo que quiere dar a entender es que la experiencia de un "informático" tiene un valor incalculable. Y digo incalculable porque a lo largo de la vida de una empresa hay muchos momentos "conflictivos" que requieren decisiones acertadas. Si la decisión es acertada la empresa avanza a pasos agigantados, pero si no se es capaz de resolver el problema, ocurre un parón hasta que el problema sea resuelto. Ese parón puede, o no, ser crítico para el desarrollo de la empresa.

La experiencia de las personas se traduce en problemas, más o menos complejos, resueltos en el tiempo más breve posible. Y eso, hoy por hoy, donde el tiempo es dinero, no tiene precio. Y por eso creo (y supongo que las empresas también) que la experiencia en un curriculum pesa mucho más que tres carreras juntas. Eso no es óbice para no contratar nunca novatos. Para tener experiencia alguna vez se ha tenido que ser novato, pero para según qué puestos y qué tipos de trabajo, un novato no debe hacerse cargo.

Manuel Conde.

(Si desea emplear este texto puede hacerlo libremente, siempre que cite la página web y el autor, y me escriba un correo haciéndomelo saber)